He aquí una expresión digna de encomio: firmeza de propósito. O lo que es lo mismo: continuidad en el esfuerzo en pos de un objetivo.
Cuántas veces la consecución de la meta depende tan sólo de eso: de mantener la velocidad de crucero, la autodisciplina, la claridad de ideas sobre lo que nos conviene.
Los devaneos consumen energías, nos distraen de la meta, nos hacen perder la línea recta. Titubeamos.
Señala una sabia máxima de los clásicos:
-Ningún viento es propicio para aquel que no sabe adónde va.
La claridad de ideas es muy importante. Porque a partir de ella se vislumbra el horizonte. El esfuerzo sostenido hace el resto.