Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Un tal Luis del Olmo

Siempre he sentido la voz de Luis del Olmo sobre mi cogote. Indefectiblemente todos los barberos de mi niñez sintonizaban su programa. Y yo oía su voz melodiosa mientras devoraba el Pulgarcito, el Tío Vivo y cuanto tebeo caía en mis manos.

A comienzos de los años 70 le conocí en persona en los estudios de Radio Peninsular de Barcelona…

Guardo su estampa bien viva en mi memoria. Yo había acudido a la emisora de Paseo de Gracia,1, a visitar al montador musical Carlos Cavallé, amigo de juventud de mi madre.

Cavallé me enseñó amablemente la emisora. En un momento dado nos cruzamos con Luis del Olmo. Iba con camisa blanca. Sudaba por todos los poros. Era muy alto, arbóreo. Y su rostro no reflejaba precisamente la alegría de la huerta. En su semblante había gran crispación. No me atreví a decirle nada.

Unos años más tarde tuve opotunidad de hablar con él por teléfono. Acababan de asesinar al jesuita español Ignacio de Ellacuría en El Salvador. Yo disponía de la grabación de la última entrevista que le habían realizado en vida, a cargo de la redactora del diario AVUI Arianne Trillas (yo era su redactor-jefe).

Luis de Olmo agradecíó mi espontáneo ofrecimiento. Difundió pasajes de la cinta y citó cortésmente la procedencia.

Unos años más tarde, en una llamada que le hice para una determinada gestión, se me puso al teléfono y me dijo:

-Tú eres el de Ellacuría, ¿verdad?

No me había olvidado.

El último recuerdo que tengo de Luis del Olmo es de hace dos años: le vi avanzando por la Diagonal de Barcelona a paso rápido y marcial seguido de dos gorilas de proporciones descomunales y aire sombrío.

La estampa era patética. Dramática. Abominable. Una bofetada a la vista. Retiré los ojos tan pronto como pude.

La seguridad del famoso locutor se había convertido en una prioridad tras el atentado fallido de ETA contra su persona.

Pensé en aquel momento que a pesar de lo mucho que habíamos avanzado en este país era delirante que la vida de una persona pudiera estar al albur de unos criminales.

En la actualidad escucho a Luis del Olmo en Punto Radio de manera esporádica.

He notado que su voz se ha tornado quebradiza. Sus ademanes son posiblemente más suaves. Se le ve deseoso de reconocimiento.

Atrás quedan las críticas de sus correligionarios que -si bien ven en él un monstruo de la radio- destacan también que es un individuo con un ego descomunal.

De la timidez que él reconoce no tengo dudas. Tampoco de la belleza de su voz. Ni de su gran capacidad de trabajo. Ni de lo atractivo de su gran afición: coleccionar aparatos de radio antiguos.

La voz de Luis del Olmo me ha acompañado siempre,

Y todo apunta a que será de aquellos profesionales que -como en la milicia- morirá con el micrófono puesto.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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