Si bien nunca llueve a gusto de todos, qué quieren que les diga: el agua que cae estas horas en Mallorca rezuma vida y frescor. Es dulce lluvia, como apuntaba el también malogrado cantante Miguel Gallardo:
«Dulce lluvia, cae la lluvia. Oh, lluvia…»
Páginas indelebles de nuestras vidas están asociadas a la lluvia. También escenas del cine (las socorridas imágenes de «Cantando bajo la lluvia»), pasajes de libros o monumentales letras como la que reza «Esta tarde vi llover y no estabas tú».
Rebuscando en mis subdirectorios mentales más profundos me quedo con la escena final de la película «Les Zozos» (Pascal Thomas, 1972), un prodigio de sensibilidad: patio de internado bañado por la lluvia fina y adolescente -castigado el fin de semana-que se recrea en danza alegre con las gotas.