El texto adjunto lo publiqué en 2003 -traducido al alemán- en el periódico en lengua alemana «Mallorca Magazin».
Por entonces se hablaba en la isla de Mallorca de un supuesto sentimiento de animadversión generalizada hacia el visitante alemán y una preocupante germanización de la isla…
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Mi loro habla alemán
Por Miguel Angel Violán. Periodista barcelonés.
Mi loro habla alemán. Y con buen acento.
Debo precisar que resido en la Playa de Palma, en las inmediaciones de la Bierstrasse. Precisaré también que no es exactamente mío el loro, sino de mis vecinos. Pero a fuerza de ser recibido a diario con un sonoro “Hallo!” ya considero el animal un poco mío.
Observen ustedes la doble y bien distinta valoración que puede merecer este hecho de vida cotidiana. Un seguidor recalcitrante del antiguo gobierno balear posiblemente podría exclamar: “Hasta qué punto hemos llegado. ¡Hasta los loros en Mallorca ya hablan en alemán!”.
Por contra, un observador conforme con la nueva situación política, podrá recrearse diciendo: “Es un gesto más de hospitalidad de la isla para con nuestros visitantes alemanes”.
Es axioma viejo y mítico en periodismo que los hechos son sagrados y las opiniones son libres. En cualquier caso, hay que entender que mi loro vecino repite lo que oye. Actúa por mimetismo. Gritad “¡Viva la ecotasa!” y él también lo hará. Reivindicad honores de jefe de Estado para el ex consejero de Turismo Celestí Alomar y él se sumará. Gritad “alemanes go home” y él participará también de la fiesta.
El mimetismo no es exclusivo de esta especie animal multicolor y parlanchina. Es un rasgo paradójicamente muy extendido entre las personas: hacen lo que ven hacer. Se atreven mientras se les deja.
Guiados por el mimetismo, legiones de turistas alemanes todavía se embriagan en Playa de Palma, fornican en los cuartos de la basura de los hoteles, arrojan las latas de cerveza sobre los jardines de los residentes, mean sin rubor sobre el capó de los coches y celebran algaradas nocturnas despertando al vecindario. Son sencillamente actos que en su propio país el 99% no harían. El 1% restante sí, pero sólo una vez: irían directamente a la cárcel.
El espíritu de tolerancia es un rasgo de la idiosincrasia mallorquina. Descansa entre otras bases en un cierto sentido hedonista de la vida y en un desapego a emprender acciones que lleven a conflicto abierto.
Ante el estado de cosas a que ha llegado la otrora paradisíaca Playa de Palma, sería positivo en aplicación del principio de mimetismo recuperar el sentido de la autoridad ante tanto visitante desmadrado. Basta con enseñar los dientes. Nuestros visitantes entienden perfectamente el sentido de las palabras orden y disciplina. Gracias a ellas han edificado una sociedad durante muchas décadas modélica.
Si retornamos a unas normas mínimas de urbanidad y una autoridad bien ejercida, Playa de Palma recuperará sosiego y prestigio. Y muchos alemanes autoestima, ya que ellos son los primeros que sienten vergüenza ajena ante los desmanes de tanto compatriota descarriado.
Yo quiero que mi loro continúe hablando alemán. Y que incorpore a su léxico en la nueva temporada la palabra “Willkommen” (“Bienvenido”). Pero también deseo que todos los que ante él pasan se hagan merecedores de este cordial saludo.¿No es lo justo?