Soy de los que piensan que para que el elogio sea eficaz debe ser mesurado. De lo contrario, se gira en contra de su autor,invalida su contenido laudatorio y desmerece al propio destinatario.
En las últimas horas observo una espiral de duelo póstumo por el escritor Francisco Umbral que tiene algo de charlotesco, de subasta emocional: a ver quién le llora más.
O quizá sea puro lavado de conciencias, compensación de inhibiciones, tendencia al monumentalismo de las grandes capitales o sencillamente sobreactuación interesada de algunos de sus valedores mediáticos muy dados a sacar pecho.
Creo que si le fuera metafísicamente posible, el propio escritor escribiría post mortem muy agudos artículos sobre tanta emoción desatada.
Si ustedes me lo permiten, yo me retiro discretamente, hago ciber-mutis por el foro, me voy a casa con mi pequeña pena y empiezo hoy mismo a releer lo de aquella noche.
Aquella noche cuando el escritor llegaba al Café Gijón y nadie le hacía caso.