Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Entre polacos (un tal Toni Soler)

No era infrecuente en la vida cuartelaria española en los años setenta que los reclutas de origen catalán fuesen llamados «polacos», apelativo generalmente despectivo que en ocasiones incluía a los soldados de procedencia balear.

Si los catalanes son polacos, Cataluña es Polonia, y tal es el título del programa televisivo de humor que triunfa en los territorios catalanoparlantes desde hace un par de años.

Toni Soler, el director del programa, estuvo en la noche del viernes en el Club Diario de Mallorca, lleno hasta la bandera. Producto de la factoría Buenafuente, Toni encandiló al auditorio.

Las figuras mediáticas suelen arrasar en este tipo de foros. No es de extrañar: la pequeña pantalla es una plataforma extraordinaria. Y el humor-inteligente, de calidad y mordaz- tiene un buen número de adeptos.

La sátira política es un ejercicio sano en toda democracia que se precie. Los del programa «Polònia» la ejercen con gran solvencia. Han conseguido algo muy difícil: ser programa de referencia y hacer desternillarse de risa a centenares de miles de familias.

El precedente de «Polònia» es «Mire Usted», un programa de humor en clave española de efímera emisión en Antena-3. No cuajó a las primeras de cambio. Y el éxito en televisión requiere el don de la rapidez. El programa cayó de la parrilla de la programación.

Eso permitió el desembarco en Cataluña de «Polònia», un espacio que agrada a todos los públicos, incluidos los hijos de los políticos retratados, si bien visto con resquemores desde la embajada de Polonia, según reveló el propio Toni Soler.

Toni Soler es un viejo conocido mío. De 1987 para ser exactos. Trabajaba como corresponsal del diario AVUI en Figueras (Gerona), de donde era natural, si bien afincado en Badalona.

A mi llegada al diario AVUI como redactor-jefe se me encargó la misión de contratar 8 nuevos redactores. No quise acudir al método tradicional: llamar a amigos y amiguetes. Por el contrario, convoqué exámenes de libre acceso. Creo firmemente en el principio de igualdad de oportunidades. Brilla por su ausencia en el periodismo.

Yo mismo me inicié como redactoren el diario Catalunya Express en 1978 gracias a los exámenes que convocaba su redactor-jefe Xavier Roig Giménez, posterior mano derecha del alcalde de Barcelona Pasqual Maragall. Así me seleccionaron. De igual manera en TV3, donde fui el número uno entre masa ingente de aspirantes reunidos en la Escuela Superior de Arquitectura.

Apliqué el «método Roig» al AVUI, abriendo la convocatoria a profesionales de otros medios.

Realizados los exámenes, me llamó una mañana la telefonista del diario, Teresa Obradors, una gran mujer: catalanista, católica y bondadosa. El corresponsal de Figueras no se había enterado de la convocatoria y estaba en Recepción visiblemente contrariado.

Acudí a conocerle. Me interesé por su currículum y su vinculación al diario. Era joven. Tenía los ojos con claros signos de haber llorado. Se llamaba Toni Soler.

Le propuse hacer los exámenes al día siguiente, con un par de rezagados más que habían de hacerlos también. Asintió.

Toni vino a la prueba. La hizo en un pis pas. Acabó antes de tiempo. Entregó sin apenas revisar lo que había escrito, lo cual me sorprendió. Me entregó el examen sin mirarme a la cara, con ese ademán que puede parecer chulería pero que en realidad es extrema timidez.

Corregí su examen muy intrigado: aquel tío era un crack o un petardo.

Bien a las claras me percaté de que era lo primero: acreditaba muy buenos conocimientos de actualidad, respuesta concisas y fluídas y velocidad de rayo sacrificando el rigor del detalle menor en aras de la rapidez: justo lo que yo buscaba. Al día siguiente le propuse entrar en la sección de Política del diario.

Toni Soler fue un excelente redactor, uno de los mejores fichajes pero a fuer de ser sincero nunca me percaté de la dimensión de su «vis cómica». Ciertamente la prodigaba en pequeño comité, con los muy íntimos pero yo no debía de pertenecer a ese círculo.

Le pregunté públicamente en el acto del Club Diario de Mallorca si su comicidad era un talento escondido o fue una derivación insospechada de su oficio de periodista. Él no me reconoció aunque confesó sentirse impresionado por la pregunta. Dio a entender que él siempre había sido una persona de humor.

Si de algo me precio es de tener mucha habilidad para detectar el talento de las otras personas. Detectarlo y -si está a mi alcance- promoverlo.

Con Toni Soler tengo una espina clavada: el joven y despistado corresponsal de comarcas a quien vi llorar estaba llamado a hacer reir a millones de personas.

Yo no supe ni verlo ni intuirlo.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

Lo más leído