Se nos ha muerto este septiembre un periodista emblemático: Joaquim Perramon, Quimet para los amigos (muchos, variados y de larga duración).
Quimet, nacido en San Adrián dels Besos, limítrofe a Barcelona, era por encima de todo una buena persona y uno de los precursores del periodismo económico en nuestro país. Su jovialidad, independencia y amabilidad han dejado profunda huella entre las muchas personas que le conocimos y apreciamos.
Sus ojillos menudos sacaban chispas de entusiasmo. Sólo quería ser redactor. Despreciaba la parafernalia hueca y siempre estaba dispuesto a echar una mano.
Le conocí en mis tiempos de redactor-jefe en el diario AVUI y, a pesar de lo enrevesado de sus textos, siempre admiré la capacidad que tuvo –ya como sexagenario- de pasar de la máquina de escribir al procesador de textos. No todos sus coetáneos lo consiguieron.
Quimet era muy querido en la profesión y también entre la clase política: por su buen corazón.
Siempre recordaré aquella ocasión en que ejerciendo yo la responsabilidad del fin de semana se me ocurrió dar paso a una noticia de última hora en el lugar de la consabida fotonoticia anual de la Escuela de Sardanas del Corte Inglés.
Con gran respeto Quimet intentó disuadirme. No lo consiguió.
Al día siguiente me zumbaban los oídos pero ninguna represalia cayó sobre mis espaldas. Intuí que un ángel protector había intercedido por mí. Debió de ser sin duda Quimet.
Con lo cual pasé a la historia del periodismo barcelonés como aquel que osó quitar la emblemática fotonoticia del Corte Inglés y además no sufrió represalias por ello.
Años más tarde, compartí con Quimet mesa y manteles en un sabroso restaurante junto al Mercado de la Concepción., siempre cargado nuestro hombre con bolsas de plástico repletas de libros.
Cierto día. de la mano de Quimet, nos colamos en el llamado Dique del Reloj del puerto de Barcelona, y nos hinchamos de pescado en el comedor de la cofradía de pescadores. Día inolvidable.
Quimet me explicaba los logros y las miserias de la burguesía catalana. Pero tras las descalificaciones de rigor, siempre tenía la palabra amable para relativizar las maldades ajenas.
Quimet había sido pionero en la información económica y su muerte nos priva de un compañero que hermanaba a las personas. Un profesional de la trinchera y del afecto, que colocaba -por encima de cualquier otra consideración- a las personas.
Rara avis. Amigo querido. Descanse en paz. En la misma paz que él prodigaba.