Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Un tal Javier Sardá

Campechano y seductor. En un programa para críos presentado por Julia Otero en TV3 (“No em ratllis”) este mago catódico (también conocido por Javier Sardá), sacó las narices –mediáticamente hablando- la semana pasada sumando el desparpajo propio al de sus jóvenes interlocutores.

Somos muchos los que no entendemos porqué un profesional de tanto talento se enfangó en las aguas marrones (y marranas) de “Crónicas marcianas”. ¿Adoración al becerro de oro? ¿Todo por la audiencia, como rezaba uno de sus pretéritos programas?

Javier Sardá prodigó en su aparición su encanto antiguo, de profesional ácido y descreído, sumándose a la algarabía de los chavales y escandalizando a más de una mamá en el plató. Quizá porque él también es un niño. Grande y forrado. No me refiero a los libros.

Le conocí primero como oyente en la medianoche de Radio Nacional de España, en los años ochenta. Fue la época del señor Casamajor, genial recreación del personaje del jubilado catalán.

Yo fui de los que ingenuamente pensaban que el señor Casamajor era de carne y hueso. Invitado yo como periodista a una tertulia de Sardá en 1987 –coincidí inopinadamente con la periodista María Teresa Berengueras- descubrí “el secreto del señor Casamajor”: tenía carne y huesos…pero la cara (gran cara) era la del propio Javier Sardá…

Impelido por una fuerza irresistible, escribí unos días después en el diario AVUI un artículo en catalán titulado “El secret del senyor Casamajor”.

En aquel texto todo apuntaba a que yo iba a hacer una gran revelación. Y al final ponía: “El secreto del señor Casamajor es…su humor sardónico”.

Era una manera de decirlo sin decirlo: que Sardá ponía voz al inefable personaje.

En el programa de Julia Otero, Javier Sardá desveló detalles interesantes de su vida. Como su orfandad de madre desde los 5 años. Su procedencia de Sant Andreu (barrio barcelonés con mucha inmigración). Su coincidencia de edad con Julia Otero (y por tanto conmigo: los tres tenemos 48 años). O como ganó un premio literario en la mili convocado por la tercera región militar, consistente en un mes de permiso (¡impagable!).

Son detalles que a mí me encanta conocer de la trayectoria de una persona. Me aportan claves.

La imprecación a la audiencia infantil a no votar a Acebes es un divertimento que en clave catalana posiblemente tiene mayor sentido, dado que el programa de humor “Polònia” ya ha conseguido poner tal político en el imaginario cómico de los chavales.

A estas alturas de la vida los consumidores maduros de información y entretenimiento ya saben adónde han de acudir si quieren verificar el supuesto progresismo de las personas. Ramalazos televisivos sólo son eso: ramalazos.

Me confieso admirador de Javier Sardá: su telegenia y orginalidad, aunque no todo el monte es orégano en la trayectoria del personaje y no deba yo por ello brindarle admiración incondicional. Que las ha hecho muy gordas.

Pero me temo que el personaje pertenece a una categoría muy exclusiva por lo rara: cae en gracia y es gracioso. Todo un marciano.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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