Remito la siguiente carta al director de LA VANGUARDIA:
Muy Señor Mío:
Como directivo del sector hotelero cojo 200 aviones al año desde hace 11.
Observar los buenos y malos momentos de calidad de servicio centra mi atención…
Debo reconocer sin ambages que el comportamiento de las azafatas del vuelo de Iberia Palma-Barcelona de las 20:50 h. del 10 de octubre-07 fue proverbial.
El vuelo no pudo aterrizar en Barcelona ante la magna tormenta, regresó a Palma en medio de considerables turbulencias, rayos y centellas, aguardó una hora y finalmente volvió a despegar para aterrizar en la Ciudad Condal pasada la medianoche.
Las azafatas dispensaron en todo momento dulzura, sonrisas, explicaciones y compasión para quienes perdían las conexiones.
Es en momentos como estos cuando valoras sobremanera la serenidad de un rostro y la cordialidad de una voz: puedes confiar.
Ni el Dalai Lama lo hubiera hecho mejor.