Que el profesor de la escuela le dijo al padre de Einstein que su hijo «no haría nada de provecho en la vida» es anécdota sabida.
Pero leo ahora en una biografía sobre el genial físico el comentario que se le atribuye a su propia madre al poco de nacer el prodigioso retoño…
-Con este cráneo tan deforme, ¿qué hará este hijo mío en la vida?
La anécdota ilustra que la proverbial intuición de los madres no siempre se cumple (a veces ni el instinto maternal de protección se activa). Por decirlo de manera que agradase al inventor de la teoría de la relatividad, a la hora de augurar «todo es muy relativo».
En el mismo libro se divulgan las grandes aptitudes del físico -ya de adolescente- para el pensamiento matemático pero también la manera lenta de pensar en sus años escolares. ¿Rigor de científico o simplemente encubría su talento?
(«Einstein, a Life in Science», de Michael White & John Gribbin, The Free Press, 2005)