Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Vértebra

Hay palabras que te marcan. Y una de ellas, en mi caso, es “vértebra”. No por razones traumatológicas sino gramaticales: perdí un concurso de ortografía por descuidarme el acento sobre este esdrújulo vocablo…

Yo tenía 10 años y cursaba cuarto de primaria en el Instituto Menéndez Pelayo de Barcelona. Nuestro profesor, don Federico, nos estimulaba en el aprendizaje de la gramática castellana con un sencillo concurso: hacía salir a un alumno al estrado y los demás debíamos acribillarle a preguntas diciendo un vocablo que él debía escribir en la pizarra. Si no escribía bien la palabra, se sentaba y el causante de su retirada le reemplazaba.

Era una manera de jugar con las palabras, de buscar vocablos cada vez más difíciles, de familiarizarnos con el diccionario y pasar un rato ameno, la última hora de la mañana por cierto.

Era frecuente que yo monopolizase el estrado al ser la lengua mi fuerte. Tanto es así que mis compañeros debían buscar palabras muy rebuscadas para propiciar mi reemplazo.

En cierta ocasión me mantuve tanto tiempo en el estrado que yo mismo me relajé y con excesiva tranquilidad escribí la palabra que me espetó mi compañero Angel del Campo Córdoba: vértebra.

Con excesiva seguridad en mí mismo escríbí vértebra con la preceptiva uve y la correspondiente b antes de erre. Y me di la vuelta.

Se produjo un silencio clamoroso. Un segundo de gargantas contenidas. E inmediatamente la amonestación de mi compañero Ángel:

-¡Falta el acento!

Se me vino el mundo abajo. ¿Cómo podía haber yo fallado con una palabra tan fácil y que conocía tan bien?

Todavía recuerdo mi aturdimiento como si me hubiera pasado ayer: cabizbajo, cedí mi puesto a un eufórico Angel del Campo.

Aquel día pude entender la alegría que deben de sentir los jugadores de un equipo modesto de fútbol cuando baten al aspirante al título.

Y también aprendí algo sobre las consecuencias de bajar la guardia y perder la concentración.

Siempre que leo la palabra vértebra me retrotraigo a uno de mis más conspicuos tropezones lingüísticos: el día en que quedé públicamente desvertebrado.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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