Tras cielos perennemente nublados y lloviznas anodinas, unas briznas de sol iluminan la bahía de Palma. Es la antesala del crepúsculo y se agradecen esos rayos. Pura dádiva del cielo.
Mallorca ha tenido un octubre extremadamente lluvioso. Las setas han aparecido por doquier y los dos embalses de la isla deben de estar llenos.
Con todo, cuánto se echa a faltar la luz que de ordinario damos por segura.
Cuando algo nos falta, revaluamos su importancia.
Cuando la cosa nos vuelve a ser dada, se nos alegra el corazón.
Es la rutina la que mata la gratitud.