Oigo revuelo de páginas. Diarios nacionales de larga trayectoria corrigen rumbo, redefinen modelos y apuestan por el cambio. Empiezan a verle las orejas al lobo.
La prensa gratuita, las webs informativas y los nuevos hábitos on-line ponen en cuestión un negocio tradicionalmente remiso al cambio, apoltronado y excesivamente atento a las ubres del poder.
Diarios centenarios o sencillamente líderes hasta hace poco retocan sus diseños y contenidos. «Lo de Internet iba en serio» empiezan a lamentarse algunos.
Cuánto tiempo perdido en estériles polémicas políticas, diatribas sin sentido, golpes empresariales bajos y miopía generalizada.
A la chita callando la prensa gratuita ha inundado el panorama y las webs fidelizan segmentos de público que no ven la necesidad de gastarse un euro en productos de decreciente atractivo.
Las poltronas mediáticas se tambalean. Los jerifaltes mediáticos culpan a la prensa grauita y a la ciberpiratería. Energías estériles que hubieran debido ser invertidas en transformar el concepto de negocio.
Tanta tinta tonta vertida en ir contra el cambio.