Me he dado un hartón de visionar las cómicas escenas de «Just for Laughs» (Simplemente para hacer reir) en mil y un vuelos. Es un material ideal para distender al pasaje. Y la comicidad viene asegurada por la expresividad del rostro humano en estado puro.
Atractivas bañistas que se atavían de monjas en medio de un parque. Ciegos que endosan su perro lazarillo y ponen luego pies en polvorosa. Fontaneros que salpican de agua inopinadamente al inocente paseante.
Son escenas que mueven a la hilaridad por espacio de dos minutos. Indefectiblemente acaban con rostros estupefactos o con la carcajada de aquel a quien le revelan que acaba de ser la «víctima» de una broma de cámara oculta.
Más allá del entretenimiento y del embarazo suscitado por las situaciones diseñadas por los guionistas de «Just for Laughs», sobresale la belleza de la expresividad humana: la sorpresa, la irritación, el desconcierto y la repentina comprensión del entuerto.
Ese poder imaginar lo que se siente es el factor clave de éxito de una serie que se eterniza, no pasa de moda, divierte y evade. Especialmente en los vuelos turbulentos, en que desde luego es preferible tener la mente en otra cosa.