A fuego lento. Lenta cocción. La cosa lleva su tiempo.
Así es el proceso de maduración de las ideas. Así evoluciona el trabajo intelectual. El tiempo lo mejora, no lo debilita.
Uno de los grandes acicates del conocimiento es que se alimenta de flujos nuevos y constantes. Lo nuevo permite ver lo viejo desde otra perspectiva. Produce el efecto de una alquimia. Una transformación de la amalgama de puntos de vista que se recopilan.
Mientras, la curiosidad se retroalimenta. Una nueva idea genera nuevas ideas en potencia. Cuanto más sabemos, a más cosas podemos acceder. Es una espiral sin aparente final.
Y para instalarse en este proceso, el paso del tiempo no es una lacra. Es una bendición, una catapulta. Un continuo empujón hacia adelante.