No me refiero a la crisis del petróleo. Ni a la carestía del crudo. Ni a lo caro de las llamadas energías alternativas.
Me refiero a la falta de energía en uno mismo. Cuando nos cuesta perseverar: ¿de dónde sacamos las fuerzas de flaqueza? ¿Qué hace que unos renuncien y otros persistan?
En la perseverancia está la clave de muchas victorias. Pero, ¿qué hace que generemos energía para continuar? ¿Es una pura cuestión de convicción? ¿De entrenamiento de la mente? ¿Dones que la genética depara o deniega?
Es importante tener conciencia de lo que queremos. Pero también que la mente sea estable y mantenga firmeza de propósito.
¿Por qué unos lo consiguen y otros en cambio perecen estigmatizados por la anemia, la flojedad, el desaliento rápido?
Somos energía que consume energía y la regenera. Dificilmente se llevan a cabo grandes proyectos sin grandes dosis de energía.
He aquí la clave: desarrollar nuestro alimentador de energía. Para no desfallecer.