Me preguntó en vida el hotelero don Luis Riu Bertrán con motivo de una rueda de prensa en Madrid:
-Aquella pareja de allá, que hablan tanto entre ellos: ¿son matrimonio?
-No lo creo, don Luis. Parecen muy felices.
Y el rostro hierático del genial hotelero se deshizo en una gran carcajada.
Hacer reir a tus jefes es un momento dulce de recordar en la vida de un comunicador. Porque supone un estadio mayor que la confianza: la complicidad.
Recientemente, alojado en Managua por el matrimonio Comas, ejemplarmente avenidos, me da por espetarles:
-No parecéis un matrimonio. Parecéis una pareja de amigos.
Y ella, Roser, más volcánica que la propia Nicaragua, erupcionó alegre:
-¡No lo parecemos,lo somos!
Sobre el sentimiento de la amistad he leído cosas muy bonitas últimamente. Valdrá la pena que me refiera a ellas.
Es evidente que uno se hace mayor y temas clasificados mentalmente en el recóndito subdirectorio «abueletes y temas afines» adoptan el perfil de reflexión normal, esto es, de vida cotidiana.
Pura «senectute et amicitia».