Huele a Navidad. El frío sacude a Barcelona. Resuenan los primeros estornudos. La humedad se clava en las extremidades. Los comercios, abiertos de par en par.
Y viene la añoranza por los que ya no están.
Las fiestas navideñas son un ritual insuperable. Estamos programados para superarlas como quien sobrevive a una carrera de obstáculos. Se aproxima la Navidad y hay que hacer lo que toca.
En mi caso, me da por pensar en aquellos a quienes ya no veré. Aquellos con quien cruzaba felicitaciones. Aquellos con quien intercambiaba la preceptiva salutación telefónica.
Es tiempo de añoranza, consumo desaforado y bufandas al cuello.
Ya llega, ya llega. Se presiente. La Navidad está a la vuelta de la esquina.