Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Pequeña muerte

El matrimonio Comas me visitó recientemente en Barcelona. Regresarán definitivamente a la capital catalana en mayo tras un largo voluntariado en Nicaragua. «Es una pequeña muerte»-dijo Carlos.

Justo esa es la expresión de cuanto siento estos días en que yo mismo estoy de traslado: dejo la isla de Mallorca tras once años y medio de residencia.

No sé si está acuñada la expresión «pequeña muerte». Me suena sin embargo que sí. En mi caso le doy el significado de cambio que te obliga a despedirte de una serie de sitios, personas y hábitos. En eso constituyen los traslados.

Las preguntas que ahora me acechan son de carácter un tanto fúnebre: ¿Hice en Mallorca cuanto debía y podía? ¿Aproveché todas mis oportunidades? ¿Optimicé mi tiempo? ¿Disfruté al máximo? ¿Dije a quien correspondía lo que correspondía decir?

Cuando se nos muere alguien nos hacemos preguntas similares. De ahí que yo le llame «pequeña muerte» y observo que no soy el primero.

Concesión al cálculo estadístico(esto al profesor Comas le encantaría): 11’5 años de idas y venidas Barcelona-Palma, 3.000 aviones, 4.500 horas de vuelo (sumo aquí viajes a otras latitudes), unos dos millones de kilómetros recorridos. O es lo que es lo mismo: 50 veces la vuelta al mundo (el ecuador tiene 40.000 kilómetros).

El 1 de febrero recalo en Barcelona y mis visitas a Mallorca serán muy espaciadas.

Siento el pequeño dolor de la pequeña muerte.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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