-¿Qué le pongo?
-Lo de siempre
Tal diálogo -oído en un bar de mercado de abastos- ejemplifica fidelización y complicidad. Quien sirve conoce nuestros antecedentes. Se economiza el lenguaje. Hay un pasado común. Hay mutuo entendimiento.
Nada ha hecho tanto por las relaciones humanas como el comercio.
Recuerdo las explicaciones del profesor de Economía Carlos Comas sobre cómo los mercaderes campaban por sus respetos en un Mediterráneo en ebullición comercial. Para saber vender hay que conocer al comprador. Comercio y socialización venían entonces juntas.
Cuando quien regenta el bar se entiende sin palabras con el parroquiano de turno, la humanidad ha avanzado un grado, un pasito más hacia la concordia universal.