Sabor rancio. Enojosas declinaciones. Y, por encima de todo, la obligación de aprenderlo.
Con tales premisas son muchos a los que la lengua latina dejó un mal sabor de boca.
Lástima. Porque si lo escuchamos con sosiego el latín se nos aparece como un dechado de belleza, un temblor armonioso y sobrenatural.
Se percibe tal belleza en las cantatas, en los oficios religiosos, en los textos clásicos.
Descubrir la belleza del latín posiblemente haría resurgir el interés por esta lengua.
A quienes deseen oirla aplicada a los noticiarios informativos les aconsejo escuchar las emisiones de Radio Bremen. Esta emisora alemana dispone para ello de todo un equipo de filólogos.
¿El latín en la radio? Cuánta viveza en la iniciativa.