Vuelve la represión a las calles de Lhasa, la capital del Tibet. La revuelta pone de nuevo en la agenda mediática al minúsculo país. Civiles y monjes, entre los muertos.
Lo único positivo de esta tragedia es el recordatorio que supone. Recordatorio de la cruel invasión china, del genocidio tibetano y de la ejemplar resistencia pacífica del Dalai Lama.
Le acompaño en su dolor. Y en el de tanta gente buena de aquel país cuyos derechos están siendo vulnerados.