-Si quieres conocerme, lee mi blog.
Con tal aseveración he concluido recientemente una entrevista profesional. Más allá del cara a cara, las primeras (a veces determinantes)impresiones, el análisis del lenguaje gestual y otros factores que determinan un «feeling», nada hay como leer los escritos de una persona para captar su idiosincrasia.
Por eso mi sugerencia, aun a riesgo de que no guste todo cuanto pensamos.
Un blog de inserciones regulares trasluce valores, sueños, frustraciones, tendencias. Es un excelente instrumento de autoconocimiento pero también para ser conocido por el otro. Especialmente si es un blog centrado en vivencias, experiencias de vida, un determinado campo de interés.
A fuerza de colocar inserciones, corremos el riesgo de molestar a alguien, de ser incautos, no tener tacto o sencillamente revelar demasiado…
Uno acaba tirándose a la piscina de las emociones, los recuerdos…como si de una soledad compartida con millones de personas potenciales se tratase.
Pero escribir, recordar, analizar, es un ejercicio de sanísimos efectos.
Tanto es así que hubiera podido añadir en mi colofón de entrevista:
-Léeme, conóceme, posicióname. Y si encuentras algo mejor, cómpralo.
Remataré mi inserción con un parafraseo de la máxima de valor máximo entre las máximas:
-Conócete a ti mismo…y escribe un blog.