Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Cala Estància

Cuando llegue el apocalipsis espero del Sumo (en este caso) Deshacedor que se apiade de la mallorquina Cala Estància y la ubique bien atrás en la secuencia de destrucción masiva del planeta.

Harto se lo merece este remanso de agua en las inmediaciones de Can Pastilla, a cuatro pasos del aeropuerto palmesano, donde tantos gratos momentos he pasado en la terraza de la Marisquería Internacional.

A ella volví anoche tras prolongada pausa de un mes. Solícito el empleado de turno me sirvió mi apetecida sepia, plato que -si bien cocinado- me reconcilia con la vida y alegra indefectiblemente la jornada.

Son probos los responsables de este local. La sepia siempre es fresca y cocinada con esmero, con la punta justa de perejil y el sabor braseado leve y excitante.

A medida que uno consume semanas, meses y años, se percata de que la felicidad es esencialmente una compilación de pequeños momentos de placer y allí el arte culinario tiene mucho que decir.

Si Cala Estància no existiera, Mallorca quedaría huérfana de un rincón plácido, de aguas onduladas (ostensiblemente sucias a temporadas, la verdad sea dicha) pero que componen pieza insustituible del paisaje litoral mallorquín, su brillantez y negligencia a la par.

En la Marisquería Internacional he pasado grandes momentos con amigos, familiares y comensales teutónicos ocasionales. Ellos con la nariz roja de la cerveza, ellas apuntándote frivolas con pezones descomunales invitándote a una fiesta imposible.

En Cala Estància he visto atardeceres inconmensurables, luces indescriptibles rayando el agua de destellos y bañistas épicos, como aquel empresario egipcio que cubría la cala a nado los días de invierno con pavorosa constancia.

A pie, en coche o bicicleta, Cala Estància merece peregrinación, reposo sin límite y conversación hasta el anochecer.

Y cuando llueve, la cala se convierte en un fregadero que hierve de gotas, los guiris se baten en estampida y yo me los miro desde la terraza bien pertrechado de cerveza con limonada y emulando al gran Obelix me digo:

-Estos germanos están majaretas.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

Lo más leído