Pronto cumpliré medio siglo de vida y debo confesar que desde mi adolescencia sigo los avatares del FC Barcelona. Mi conclusión: los valores (actitudes)deben prevalecer ante los balones (cuestiones técnicas).
La curtida masa seguidora azulgrana está dispuesta a mil y una travesías del desierto. Pero con un requisito: ejemplaridad en los comportamientos. No es de recibo:
-que el máximo mandatario del club se muestre prepotente y erosione la marca de la entidad.
-que los técnicos no asuman sus responsabilidades.
-que jugadores con ficha astronómica puedan impunemente incumplir sus compromisos.
-que se engañe al aficionado sin el mínimo atisbo de autocrítica y propósito de enmienda.
Son los valores los que hacen grande a un club; las cuestiones técnicas y de gestión a ellos deben estar subordinadas.
De lo contrario los «círculos virtuosos» se trocan en un vulgar círculo de engaño.