Tras una sesión de natación, sometido luego a un buen chorro de agua a presión en las cervicales y finalmente un cuarto de hora extendido con los brazos y piernas en cruz en un jacuzzi nmirando el paso de las nubes por el cielo de media tarde, la conclusión es ésta: lo mejor está dentro de mí.
No es el paisaje externo. No son los edificios. Ni las montañas. Ni tan sólo la gente circundante. Lo que aporta belleza serena al momento es la manera de mirar, embalsamado uno en la serenidad, viviendo el momento. El aquí y el ahora.
Si la paz existe se encarna en la sensación de flujo que acaricia la piel, anula los pensamientos y deja el cuerpo descansado. Flotando. Todo está bien. Nada falta ni sobra. El mundo está bien hecho.