Cada vez se debate más sobre los valores. Resurgen como antaño. Ya no da reparo.
Como si un enorme péndulo volviera a su antigua posición.
Valores en la escuela. En la calle. En la empresa.
Tener valores pasa a ser el valor de moda.
Y bendita sea la nueva moda. Nada hay más destructivo que una sociedad desarticulada. Que las personas no tengan rumbo. Que no tengan cuatro o cinco cosas claras. No más.
Cuando leo reseñas de éxitos empresariales y declaraciones de sus protagonistas, siempre sale algo a relucir: unos valores claros.
La oscuridad valoral de las últimas décadas nos ha hecho mucho daño. Nos ha aportado una apariencia de libertad. Hemos jugado a ser rebeldes. Y hemos dado muchos palos de ciego.
Acabo de apuntarme a unas jornadas sobre valores. Concretamente «Valores útiles para la Cataluña del futuro». Lo patrocina la Fundación Carulla y el Centro de Estudios Jordi Pujol.
El ex presidente catalán está desarrollando una interesante labor divulgativa. Él siempre quiso ser un pedagogo. Ahora que tiene tiempo libre, se pone las botas.