Desayunar como un Rey. Comer como un príncipe. Cenar como un mendigo.
Este es el sabio consejo en pintoresca frase para una larga vida.
Estoy especialmente de acuerdo con lo de las cenas livianas.
Aquí ayuda magistralmente el refrán del Quijote:
«De buenas cenas, están las sepulturas llenas».
En cuanto al opíparo desayuno, es puro sentido común. Si comenzamos la jornada, hace falta especial energía para el arranque y la puesta en órbita.