Creerlo para crearlo.
O si se prefiere: antes que verlo para creerlo, creerlo para verlo.
He aquí la importancia de la convicción.
Me viene también a la memoria la frase «ningún viento es propicio para el que no sabe adónde va».
Con lo que la reflexión previa, intensa y constante, es piedra angular de este proceso de convertir nuestros sueños en realidades.