El bueno de Abraham Mashlow acuñó este interesante concepto: el de experiencias-cumbre.
Son momentos de profunda intensidad en que quien algo hace se funde con lo que hace, desaparece el tiempo y la armonía es total y fructífera.
Mashlow habla de estos momentos en su «Psicología de la creatividad». Más modernamente, en los noventa, la obra «Flow» del psicólogo Mihalyi Csikzentmihalyi nos describe esos estados de flujo en que todo está bien, cada cosa en su sitio y las cosas se realizan de manera natural y armoniosa.
He visto algunas veces estados de «flow» en los buenos tenistas, como Rafael Nadal, o yo mismo los he experimentado en la escritura de algunos textos.
Las experiencias-cumbre nos dan cuenta de una dimensión superior, quizá mágica, que contacta al ser humano con la divinidad, aquello que se intuye pero no se sabe exactamente qué es.