Llevo dos años sin beber Coca-Cola. Y a fuer de ser sinceros, no la encuentro a faltar. Incluso ha desaparecido aquel molesto inicio de taquicardia que yo solía atribuir a la ingesta de este brebaje…
No sería la primera vez que dejo la Coca-Cola y regreso a ella. Supongo que es algo así como el tabaco para algunos: de difícil abandono.
Con razón y chispa decía Winston Churchill al respecto:
-Dejar de fumar es la cosa más fácil del mundo. Yo lo he conseguido miles de veces…
Con todo, sin Coca-Cola vivo mejor. Es la bebida de mi infancia pero puedo renunciar a ella. Y a las acideces de estómago. Y las pesadillas de madrugada. Y a ese sabor de caoba líquida que te engancha, retuerce y fideliza con tóxica tenacidad.
Dos años llevo sin Coca-Cola y no hay atisbos de recaída por ahora. En este blog lo consigno.