«Hay dos tipos de economistas: los que no tienen ni idea de lo que pasa y aquellos que ni tan sólo saben eso».
Se atribuye la cáustica frase al economista John Kenneth Galbraith, ya difunto, un provocador ilustrado que siempre ha gozado de mi simpatía.
Simpatizo por lo general con todos aquellos que tienen capacidad de rebelión, que no sacralizan sus saberes y, que por encima de todo, preservan la capacidad crítica sobre su propio gremio.
Es esta capacidad el único instrumento que puede evitar la decadencia y dar vigor a la constante renovación.