Ha sido un ritual largamente postergado: la ingesta del tradicional bocadillo de calamares en la Plaza Mayor de Madrid.
El establecimiento escogido ha sido la cafetería Liana, en el número 14 de la calle Gerona, a un tiro de piedra de los soportales de la castiza plaza principal de la capital.
A fuer de ser sinceros, ha sido un bocadillo limpio y sabroso, ponderamente frito, sin estragos en forma de manchas de aceite ni daños colaterales parecidos. Bien frito y bien degustado, acompañado de una caña y de un par de croquetas cortesía de la casa.
Bien mirado, es un condumio que te llena el mediodía y entra bien en el estómago.
Cumplido el ritual, hemos tirado en pos de la Carrera de San Jerónimo a saludar el Año Nuevo a los leones que custodian el Congreso de los Diputados y a sus leoninas señorías. ¡Qué bello es madrileñear!