La crisis económica y otras crisis que puedan venir asociadas catapultan el viejo gran tema de la felicidad personal. La industria de los libros de autoayuda va a florecer como nunca.
Me cuenta un amigo -autor de éxito en la materia- que su editorial le ha pedido que avance su próximo libro. El mercado hierve, precisa de recetarios de consumo rápido para hacer frente las turbulencias del momento.
«No es una crisis coyuntural. Es una crisis de modelo»-me espeta el veterano autor.
Y yo no sé qué contestarle. Toda mi vida he vivido inmerso sustancialmente en el mismo modelo: economía de mercado con disímiles épocas de libertad política. Suena muy importante esto de «cambio de modelo», incluso «de paradigma». Pero no alcanzo a atisbar cuál es el nuevo modelo en ciernes.
En lo sustancial yo veo a la gente igual que siempre, con unos kilos de más tras las Navidades, prudentes en el gasto, con apreturas en el pago de las hipotecas y comentando la caída de las nieves, fenómeno inhabitual por estos pagos.
Ser feliz, la clásica aspiración, se mantiene en el candelero de los espíritus inquietos. Nieve o haga sol.