Son frases geniales para no olvidar:
-¿Estás cómodo, Spiderman?
De tal guisa sorprendía el malo al arácnido héroe en los tebeos de los años sesenta.
Esta sutileza textual y narrativa no la encuentro modernamente en los productos culturales.
De hecho, muchos de mis alumnos treintañeros me confiesan abiertamente que nunca han leído a Tintín…
Me cuesta concebir un mundo en que el joven reportero europeo no ocupe un lugar preferente en las mesitas de noche de niños y adolescentes. Como cuando mis coétanos y yo devorábamos sus libros con pasión y recitábamos de memoria nuestras viñetas favoritas.