Ecuatoriana o salvadoreña, qué más da, la dama se mantenía hierática en la cabina de los ciegos de la avenida Gaudí. En sus manos una humeante taza de café.
Los días pueden hacerse tediosos pero siempre hay ese momento de confort que nos redime, nos abstrae y eleva.
El café humeaba, al igual que los recuerdos de la dama ecuatoriana o salvadoreña. Qué más da.
(Cosas que uno ve por la calle).