Leo que MERCADONA decide bajar los precios. Más y más. Y que la cadena de distribución pone toda la carne en el asador para conseguirlo.
Me recuerda mis tiempos recientes en la cadena RIU, en que la gestión de costes era exhaustiva, siempre más y más. A veces asfixiante, pero en otras ocasiones inteligentemente planteada.
Hace tiempo que ya expuse en mi blog la necesidad de que todos bajemos nuestros precios. Es lo que hay. Todo es demasiado caro. Se nos ha ido la mano. No es sostenible.
Si volviéramos a calcularlo todo en pesetas nos daríamos cuenta. La proporción entre salarios y precios no es sostenible. Falla el sistema. Por tanto, hay que ponerle sacrificio y sentido común al tema.
Soy consciente de que esto es fácil de decir pero difícil de implementar. Pero hay que hacerlo.
De mis tiempos en RIU recuerdo los «pequeños milagros» que consigue una voluntad perseverante.
Hay que bajar los precios. Todos. Los vendedores de pisos los primeros. El producto no se ajusta a la realidad.
Y la realidad es la que marca la pauta. Tarde o temprano.