Leo en una web el nombramiento del periodista Enric Hernández como nuevo director de la edición catalana del diario EL PAÍS.
La memoria me retrotrae a aquel lejano 1990 (creo que fue tal año) en que me envió por fax un trabajo universitario sobre la actualidad sindical…
Me llamó la atención la corrección del redactado. Quise conocerle en persona. Tras ello le ofrecí colaborar en la sección política del diario AVUI, donde yo era redactor-jefe.
Años más tarde él se trasladaría a Madrid, donde le vi en cierta ocasión en que yo recogía un trofeo en nombre de la cadena RIU de las manos del entonces presidente José María Aznar. Guardo foto de ese momento.
Viene todo esto a cuento de su nombramiento y del impacto que tiene en mi memoria el recordar los orígenes -bien humildes periodísticamente hablando- de alguien que hoy ha sido promocionado.
Sobre su evolución personal y profesional poco tengo que decir. Le perdí la pista en su momento. Pero recuerdo bien su aspecto pecoso y mirada huidiza. Y su azoramiento ante las primeras correcciones que hice de sus textos. Nadie nace enseñado.
Deberá empuñar bien fuerte el timón del diario. Hay algo más que marejada.