Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Como en el viejo Oeste

Mi Banco (de momento, mi Banco) me asesta una enésima comisión con nocturnidad y alevosía: me la encuentro punteando mis últimos extractos y me rompe la placidez de la mañana.

Como en el viejo Oeste de los forajidos: primero se disparaba y luego se preguntaba.

Me cuesta concebir que se pueda cobrar por algo que no se ha comunicado previamente. Es un vasallaje impropio del siglo XXI.

Preguntado el empleado de turno, la cantinela es la de siempre: por tal servicio vinculado a tal gestión.

No es de recibo. Ni debiera pasarse al recibo. En materia de comisiones bancarias debiera imperar el principio del derecho penal: no hay delito sin ley previa. Es un mínimo de seguridad jurídica que debe ser garantizado.

¿Qué cara pondría el director de mi Banco (reitero: de momento, mi Banco) si yo le envío una factura tarifando mis largas esperas ante las ventanillas para consultar cuestiones que indebidamente no me han sido comunicadas?

A la truculenta comisión de los intermediarios mercantiles se une ahora la alevosa comisión financiera, caprichosa y unilateral.

Si éste es el percal, prefiero confiar mis ahorros a los sioux. También te toman el pelo. Pero avisan.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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