-Callaremos por el bien de la institución.
La frase de marras sirve continuamente para justificar la dejación de una función imprescindible: denunciar la corrupción.
Quien deja la organización pacta bajo mano con su sucesor: tú no tiras de la alfombra, yo te asesoro a cambio de los entresijos de lo que dejo tras de mí.
El pacto funciona con sospechosa frecuencia. El recién llegado- imbuído de un súbito «sentido de Estado»- cede ante la atractiva oferta de colaboración en momentos en que la incerteza sobre el nuevo escenario que pisa le invade.
Quien deja el escenario lo hace a sabiendas que no deberá así rendir cuentas sobre su legado. Aunque éste sea putrefacto.
Al fin y al cabo, es «por el bien de la institución».