Proliferan las manos que piden. Me asombra ver mendigos que pasan una jornada entera con la mano desplegada, a la espera de limosna. A menudo estáticos, sin apenas moverse. Un esfuerzo merecedor de mejor fortuna.
Proliferan las manos que piden, especialmente a la puerta de iglesias o junto a la entrada de supermercados. La pobreza muestra sus señas de identidad en la gran ciudad. Salen de las catacumbas los parias del sistema.