En una reciente reunión de colegas en el Colegio de Periodistas de Cataluña para hablar de control y análisis de apariciones en los medios en la era Internet, surge el inexorable atavismo: quejarse de la mucha perfidia que circula por la red.
Mi respuesta: es también mucho el talento que se muestra y emerge, privado de ventana en los medios tradicionales.
No me compadezco de los jerifaltes mediáticos que lloran la exclusividad perdida. Internet permite a personas sin acceso a los medios expresar sus ideas y creatividad.
Esto es de máxima importancia en un contexto cultural como el nuestro, donde prima un periodismo opaco, donde el acceso a la profesión está encorsetado por amiguismos y todo tipo de cabildeos.
Internet introduce por ello nuevo aire a la profesión, aunque conlleve el daño colateral de abrir la misma posibilidad a quienes hacen de la ruindad su estilo de vida.