Ni gripe porcina ni gripe mexicana. Gripe nueva o gripe A son las nuevas denominaciones que empiezan a imponerse en los medios de comunicación. Todo un respiro para el sector porcino y la marca México.
Recuerdo yo -cuando trabajaba en los años ochenta como jefe de prensa del Departamento de Justicia de la Generalitat- los resquemores que levantaba cualquier nuevo proyecto de prisión. Rápidamente los medios bautizaban el proyecto con el nombre del municipio afectado. Se hablaba así por ejemplo de «la prisión de la Roca», etc.
La denominación periodística se unía a los resquemores por alojar un centro penitenciario y todos los daños colaterales que se le atribuían: deterioro de la zona, inseguridad ciudadana, tráfico de droga, etc…
Desde el Departamento intentamos favorecer denominaciones que no mencionasen localidades geográficas. Pero – periodísticamente hablando- «vendía» ciertamente más soliviantar a la población a la vez que la denominación expresaba con claridad la decisión clave: la ubicación.
Vivo cerca de la Prisión Modelo de Barcelona (todo un anacronismo: un centro penitenciario que se cae a trozos en medio de una zona emergente del centro de la ciudad). Y me doy cuenta de que la pervivencia de este centro certifica el fracaso de aquellas décadas (los ochenta y los noventa) en que fueron estériles los esfuerzos por dotar a Cataluña de un mapa penitenciario equilibrado.
Volviendo a la gripe: el sector ganadero pronto se movilizó en España para promover el rebautizo de la amenaza de pandemia. Mencionar al «cerdo» es toda una amenaza para un importante sector.
En cuanto a México, mal que le pese el nombre del país queda indisolublemente ligado al origen del problema.
Fruto de esta nefasta vinculación ya es la deserción masiva de turistas de las zonas vacacionales del país. Con todo, un plan de recuperación de imagen podría paliar los efectos del problema. Pero no antes de que el tema deje de merecer los honores de portada.
Y es que la mejor vacuna contra el «virus mediático» es el aburrimiento.