Me pregunta un alumno sobre la manera de presupuestar un plan de comunicación. Y rápidamente me viene a la mente aquella jugosa anécdota de Patricia, mi hija menor, cuando escribía su carta a los Reyes Magos…
No contenta con documentarse con profusión de catálogos de todo tipo de grandes almacenes, al final del proceso escribía Patricia con lu letra clara menuda una doble columna: en una el nombre del juguete en cuestión. En la otra, ¡el precio de mercado del artículo!
Tanta condescendencia para con la salud económica de sus Majestades los Reyes Magos de Oriente constituía un detalle enternecedor. Inolvidable.