Ni abrazarse ni estrecharse la mano.
Esta es la recomendación encarecida que las autoridades de la Universidad de Harvard han hecho a los miles de participantes en las ceremonias de graduación de las últimas horas.
Razón: no favorecer la expansión de la gripe nueva.
Cuestión de profilaxis. Pero ésta ha sido la advertencia en los actos públicos, a pesar de la calidez del momento y la mucha tentación por abrazar a los graduados llamados a la gloria tras meses de abnegación académica.
Las calles de Harvard se pueblan de estudiantes uniformados que exhiben sus birretes, se fotografían a diestro y siniestro y comparten la alegría con sus familiares y amigos.
Las aulas se vacían. Llega el receso previo al verano, en que comienzan los cursos de estío y una legión de turistas recorrerá la zona.
Harvard tiene sus ciclos y ahora toca el merecido descanso.