Las palabras de Pep Guardiola sobre Samuel Eto’o son pura filigrana. No dice, da a entender. ¿Puede permitirse echar pestes de un jugador que todavía tiene su mando y al que no descarta haber de dirigir una temporada más? Está claro que no.
La postura de Guardiola es posibilista. Pero falta a la verdad. A un jugador a quien calificas de modélico y que ha dado tan buen resultado no lo puedes despachar por una pura cuestión de «feeling». More than a feeling. Es más que un sentimiento. Es una falta de sintonía en lo profundo y malos augurios de futuro.
Quizá no le convenga decirlo ahora. Pero Guardiola deberá explicarlo algún día.