Me encuentro con el siguiente refrán, al parecer de procedencia catalana: «Perro sin hambre no caza».
Describe el dicho que el hartazgo es desmotivador.
Algo así nos ha pasado tras más de una década opípara en que uno acaba creyendo que la fiesta será sempiterna. Y no es así.
Leo a través de Internet artículos del premio Nobel de Economía Paul Krugman (interesante su blog en el diario «The New York Times»), quien certifica el «terrorífico» (sic) cuadro que tiene ante sí la economía española.
Un dato me llama especialmente la atención: el pronóstico suyo, meses atrás, de que España debiera bajar un 15% sus precios, la llamada deflación.
Tal bajada va referida a todos los costes de producción. En mayor o menor medida también los salarios.
El mensaje es crudo: sean más productivos. ¿Cómo? Que cada uno produzca más cobrando lo mismo o bien que cada uno produzca lo mismo cobrando menos.
Es un mensaje duro de entender ante un panorama repleto de injusticias salariales pero también de precios abusivos espoleados por la introducción del euro. La inflación que generó no la reflejan las manipuladas estadísticas oficiales. Pero al final las cosas caen por su propio peso: hay desequilibrio entre bienes y precios.
Otro punto relevante de las manifestaciones de Krugman es que el ajuste español durará no menos de 5 años. Largo nos lo pone.
Pero si algo hay que valorar de un análisis económico es que lo haga alguien solvente y que no nos edulcore la realidad. Eso ya lo hacen los políticos.