Es una lata que gente agradable nos deje y antes de hora en relación a los promedios estadísticos.
El cantante Luís Aguilé ha fallecido y toda la década de los sesenta y setenta pasa de nuevo proyectada en mi filmoteca personal de recuerdos.
Inolvidable el Tío Calambres, el que dio su sangre por la transfusión. El vamos, vamos a Pamplona, que allí sigue la broma, allí siempre es Sanfermín.
Y aunque no comparto que el trabajar deba ser una lata, sí lo es y bien triste reseñar defunciones como ésta.
Gracias, Luis, por los inmensos servicios prestados.