Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Un tal Reinhard Mohn

Murió a comienzos de octubre de 2009 a los 88 años. Tengo la sensación de que su defunción ha pasado un tanto desapercibida. Como corresponde a una vida discreta y frugal, de orientación humanista pero no exenta de contradicciones flagrantes.

Me refiero a Reinhard Mohn, fundador del imperio Bertelsmann, uno de los mayores grupos editoriales y multimedia del mundo.

Nunca le traté en persona pero seguí sus pasos de cerca mientras estuve en su nómina en 1995 en la empresa española Círculo de Lectores, la joya de la corona en España del grupo alemán.

Círculo de Lectores era en aquella época una firma formidable. Sus beneficios, cuantiosos. Con algo más de un millón y medio de socios afrontaba, sin embargo, una preocupante rotación que iba in crescendo.

Nada más llegar a la sede de Círculo en la calle Valencia, en la izquierda del Ensanche barcelonés, leí el libro de Mohn «Al éxito a través de la cooperación». Me gustó. Me lo creí.

Ejercí durante un año el puesto de adjunto al director general para Comunicación. La biografía oficial del señor Mohn apuntaba que el negocio nació con la venta de biblias en el norte de Alemania y sufrió el embate del periodo hitleriano. Bonito y edificante.

El diario Wall Strett Journal del 5.10.09, en crónica de Matthew Karnitschung, da cuenta de que en 1998 el historiador alemán Hersch Fischler reveló que durante el nazismo el negocio del señor Mohn había publicado libros filohitlerianos relativos a esterilizaciones y eutanasia.

De la calidad profesional de mis compañeros en Círculo de Lectores guardo buen recuerdo. No así de su director general, Hans Meinke Peage, un individuo extraordinario. Tanto para lo bueno (dotes inigualables para las relaciones públicas institucionales) como para lo malo (pura perfidia en el trato a los empleados).

En Círculo de Lectores sufrí pero maduré: para mi desencanto, escribir libros e incluso venderlos no presuponía una actitud humanista ante la vida. Los ejemplos de maldad y vanidad infame que llegué a presenciar estigmatizaron de por vida ante mis ojos al gremio de los escribidores famosos.

Si sus muchos lectores pudieran verles por un agujerito…

Pronto me di cuenta de que la biblia managerial del señor Mohn en Círculo no se cumplía. Ni por asomo. En otras empresas del grupo quizá sí. Allí no.

Guardo recuerdo también de la señora Mohn, doña Elizabeth, que tenía encomendada la dirección de la Fundación Bertelsmann, promotora de la cultura y del hábito lector.

Muy a mi pesar en aquella empresa no pude crecer profesionalmente: el gerente me lo impidió, como a tantos otros que ocuparon mi cargo y a tantos otros que me sucedieron.

Pero guardo extraordinarios recuerdos. Como aquel anochecer tras larga jornada en el departamento de libros del sr.Norbert Denkel, un diseñador de excepción. Qué libros más bonitos. Durante unos minutos -completamente solo- me dediqué a acariciar aquellas portadas.

Si la belleza puede emocionarnos, yo aquella noche me emocioné. Y si aquello no era belleza pura, era algo parecido.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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