Llevo 48 horas en Somerville, a 35 minutos a pie del Harvard Yard, donde se concentra el núcleo histórico de la Universidad de Harvard.
Somerville mantiene el aspecto dejado que ofrecía en junio, en mi anterior estancia.
Mi supermacado con cafetería brasileño, «Champion», está cerrado por obras para mi desconsuelo. Pero he probado el bocadillo especial de pollo del «Subway» vecino y me redime las penas del yantar.
El tiempo es cambiante: pasamos de la brisa cálida (estamos en lo que en Boston llaman «la semana india») al tiempo frío, desangelado y húmedo.
Hoy me he reencontrado con mi amigo Carlos Blanco y cuanto hemos contemplado en el Sanders Theater merece inserción propia. Mañana la tendrá.